Arbol de Cementerio

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Quizás contemples las estelas fugases pasar

desapercibidas entre las lagrimas, quizás el

verde opaco de tu fronda se deba al dolor negro

profundo que contamina el aire que de ti emana,

quizás las almas que penan en la soledad de la

oscura necrópolis asedian tus temores, los que

en mis sueños puede que poseas, camposanto

poblado de sombras, quizás tu inerte efigie

siempre ignorada es alimentada por los cadáveres

sembrados en tus negras raíces, en las noches

las estrellas adornan tu follaje, tus hojas brillan

a través de ellas, brillan con ellas, eres árbol

celestial que la luna corona, ahuyentando el

temido asedio, eres vida rodeado de muerte, 

eres testigo, eres transición, quizás eres mucho

mas que eso, quizás eres analogía, quizás eres

ironía, o quizás solo eres biología, tronco, savia

y funcionalidad, pero imaginar que eres finalidad

existencial es una fantasía que deambula en mis

pensamientos esporádicamente, mientras tanto

seguirás siendo un quizás.

Miguel Angel Carrera Farias.  Venezuela.

Distancias…

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Jamas vi venir tamaña tribulación hacia la que me dirigía,

la distancia es aveces temible látigo fustigador de la vida,

y esta me ha obligado a vestir de forma amarga el sonriente

antifaz de la esperanza… Esperanza, infame y huidiza

compañera, siempre escondiéndose de mí, evitándome,

espigas inclinándose ante el viento, espíritu doblegándose

ante el miedo, este ha venido de polizonte en mi pesada valija,

llena de tus recuerdos, de amargos aciagos, de secretos

ignorados, me he condenado a mi mismo a la aventura de

recorrer distancias, de trajinar ciudades, bajo un terrible y

doloroso precio, mis lagrimas y las lagrimas de mi bien amado

recorriendo el mismo amargo trayecto, destruyendo paz a

su paso, me he condenado al anhelo diario, frió valle de

somnolienta topografía, tu llanto me tortura inexorable,

recorro caminos, recorro distancias, ya no puedo parar,

el futuro, el bien y el amor duelen, la providencia debe

unirnos de nuevo, un día que seamos diferentes hijo mio,

esta cruzada, este estandarte, este escudo, llevan tu nombre,

pronto la distancia recorrida sera hacia tí.

Miguel Angel Carrera Farias.  Venezuela.

Diario de un Poeta

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Me permitiré la quizás herejía de evocar al grandioso Neruda, sintiendo yo que cada tema tiene mil teorías como hojas un tallo, Neruda es un gigante roble de infinitas hojas mientras yo solo soy solo un pequeño brote en la tierra recién regada, es mi trabajo microscópica figura ante su monolítica prosa, entonces es así como este David no desea vencer a ese Goliat, solo deseo ampliar los diáfanos conceptos de este grandioso poeta. No es fácil la diligencia de ser poeta, yo no me creo uno pero aspiro serlo, semejante titulo me suena ególatra si mi auto defino de esa manera, semejante titulo me suena grande si otra persona me define así, entonces serlo no es cuestión de títulos es más bien cuestión de obra,  la primavera de mi vida paso entre la sordidez de la vida y la pérdida de tiempo, no sabría yo de mis deseos poéticos hasta pasados los cuarenta cuando repare en la prosa y mire en ella con suficiente madurez como para admirar de forma sincera su verdadera belleza, por eso hablar de los deberes del poeta significa exigir al alma que se desnudez con la mayor intensidad posible.

Porque necesario es que el Poeta sea un altruista intrínseco, necesario es que el poeta se entregue al sentimiento desbocado, que invoque las más sublimes palabras que en sus confines habitan, necesario es que su prosa magnifique la universalidad del amor que aflora irremediablemente en el corazón de esta transgredida humanidad, porque si el poeta es materialista su poesía seria una fría y dura roca que no inspiraría el hambriento corazón de quien hurga en ella. Porque la patria del poeta es el mundo, esos nacionalismos que juran amor a las delimitaciones territoriales no harán más que ensuciar sus inspiradas declaraciones, solo la convertirían en una elegía a la banalidad, lo desenderian a los abismos de las frías frases mecánicas, se debe el poeta pues a su indomable espíritu de integra fuerza moral, esa misma que corcel indomable le da furiosa libertad lírica, misma que no debe estar agendada a los mercados de los autores vacíos, que manejan su inspiración con su cuenta bancaria..

El Poeta regala al mundo las frases que permiten al amor abrirse paso entre los desagravios del comportamiento humano, la poesía habita la música, la literatura, el poeta navega sigiloso entre las artes, dándole contenido irreverentemente delicado e irreverentemente salvaje. El Poeta y su poesía es necesario para dar equilibrio a las artes, a un mundo que pide estribillos que tararear bajo la luna, los exige, Necesario es que el poeta sondee en lo más profundo de su psiquis propia para cortar las orquídeas y azucenas que con su aroma traigan de vuelta el tierno cantar del romancero nocturno, debe el poeta romper las cadenas del idioma y liberar a la poesía de la férrea dictadura de las leyes gramaticales. Dejar que corra libre por la planicie, sonriente, el poeta tiene entonces sus deberes, esos que conservaran su integridad moral, cosa que afortunadamente obedece más al amor por la poesía al derramar sus sentimientos, a la catarsis, a la epifanía, que al deber mismo, mientras el poeta siga creando universos y siga fiel a su corazón, entonces muchos seguiremos soñando despiertos.

Miguel Angel Carrera Farias.  Venezuela.

Las Huestes de los Idiotas

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Jamás me gustaron los radicalismos, aunque sea yo un amante de las antiguas revoluciones  absurdas, esas que se bañaron en sangre en nombre de lo invisible, y aunque en mi juventud esas ideas persistían en mi mente,  los actos de rebeldía me eran tan indiferentes como una iglesia a un ateo,  todo existía en mi mente flotando entre mares difíciles de navegar, donde las brisas cambiaban de ritmo caprichosamente en la inmadurez de su clima inherente. Siempre he amado lo extraño, lo establecido siempre me causó repulsión porque la sordidez del mundo obedecía a eso mismo o al menos esa era mi realidad secreta en esos tempestivos tiempos, lo que considero suficientemente especial o único entre la muchedumbre de seres que sueñan con ser una fiel copia de su semejante que consume en serie, ser la hoja que cae del árbol para así perderse entre las demás, hundidas ahí en medio del común banal, así de básicos se han vuelto los sueños de un colectivo, tal cual un máximo común denominador.

Antaño las revoluciones me sedujeron, escalaron el abismo de mi espíritu, aprovechando la brusquedad con que con mis pensamientos se atropellaban en mi mente victimas de mi voluntaria inmadurez, armas, gritos y vitoreos inundaban los pasillos de mi mente, la acción seducía mi intelecto deseoso de revoluciones pero mi voluntad terminaba siendo una perezosa que como un grillete me obligaba a habitar el sofá de los perdedores, para ir a la guerra bien fui instruido, las izquierdas y las derechas presentaban sus estandartes mientras mi corazón saltaba ante el enfrentamiento de las ideologías separatistas que solo urdían usar mi cuerpo como un escudo, ese siempre fue el fin, veía revoluciones, veía finalidades expresas, veía tradiciones rotas, veía muertes de clases y mi corazón saltaba, no deseaba el mal, solo deseaba la hecatombe demoledora, sembradora de nuevos mundos,  así iba por la vida, con mi guerra interna, engañado por banderas fútiles, mis deseos reprimidos.

Un día el radicalismo venció a la tradición desgastada ya, el pueblo se canso del color y de la promesa  de micrófono, algún hijo de calle vestido de convencimiento y armado con carisma grito revolución con los dedos cruzados  y esas muchedumbres enardecidas adoraron su léxico, amansador de lobos, aquel que hipnotizó  la rabia colectiva y la convirtió en esperanza perpetua, era uno, eran grupo, eran colectivo, se hicieron impíos reyes del desdén o quizás príncipes de la iniquidad inducida, prestidigitadores del bien ajeno, su promesa era un castillo de naipes salpicado de inmundicia ataviado con los vestidos de las viejas luchas populares, así los que deseábamos revolución entregamos el trabajo a aquellos que tenían una segunda intención escondida en el bolsillo de su versage, sacrificio es necesario gritaban los prestidigitadores de norte a sur, de este a oeste, mientras el lujo y la abundancia visitaba los viles aposentos de sus congéneres, ese radicalismo que antaño vibraba en sus corazones se convirtió en un manso cordero que asentía mansamente ante la presencia de lo ilícito,.

Después de sufrir el desengaño mi fría insistencia de matar la rigidez cotidiana había muerto, ya no éramos consortes o militantes de victorias nacionales, éramos victimas crepusculares languideciendo en los reinos socavados por las milicias del engaño,  prisioneros de los gritos furiosos echados al aire apoyados por unas masas que sienten el filo de una bayoneta en su espina dorsal, algunos aún aman su estado hipnótico mental inducido, algunos todavía aman su condición de testarudez intransigente, la ceguera a veces es voluntaria. Ese hijo de la calle fue vencido por un desconocido mal de la naturaleza, venciendo su cuerpo, de sus vestiduras emanaron alimañas que secretamente siempre aves de rapiña esperaron en la sombra la oportunidad del poder, por eso he decidido huir de todo aquello, no quiero estar ahí cuando el castillo de naipes se derrumbe estruendosamente y sus escombros aplasten al inocente soñador que ahora solo desea sacrificar ideología por bastimento, obediencia por bienestar, esa que le fue negada pero le mantenían esperanzada.

Dentro de mí la guerra ha terminado, he decidido emigrar hacia tierras más altas, hacia derroteros más prístinos,  esa cruenta lucha entre los monstruos que me torturaban con el crujir de sus andares y sus luchas encarnizadas vertiginosamente aplastantes ha terminado, pues militar divide, militar cansa, militar fosiliza el alma, la militancia es una gran causante de la pérdida de la vista consciente. Las revoluciones ya no seducen mi espíritu, ya no me mueven fervientemente, y esta es una revolución de cartón, ahora solo  quiero ser radical en el amor, ahora mi alma está libre de las cadenas del mandato de los falsos, está respirando el limpio aire de las grandes comarcas que siempre me negué, ahora la incertidumbre del mañana es mi aventura, noches aunque lóbregas me anidan expandiendo mi vida en la feroz vorágine del regocijo inesperado, ando por ahí en las manos de Dios sin esperar lo que quiero, solo aguardando lo que se me da, libre de las huestes de los idiotas.

Miguel Angel Carrera Farias.  Venezuela.

Tempestades

1483636607471622Mujer piel de arenas Blancas,

otra vez azotas la tranquilidad

de este apacible corazón,  otra vez

desatas tormentas en el cuando

tu noble sonrisa se hace presente,

de nuevo estas aguas se agitan

con el suave pasar de tu cuerpo

movido por la tempestad que te

habita, con un canto de guerra

y amor, llena de besos y caricias

escondidas entre los pliegues de

tus blancos atavíos, mujer piel

de blancas arenas, de nuevo tu

sonrisa azota la tranquilidad de

este apacible corazón.

Miguel Angel Carrera Farias.  Venezuela.

Ciudades Subterráneas

1483468988536460Donde estarán las ciudades subterráneas

perdidas que abrazaron las férreas creencias

de la oscuridad, el mundo se las ha tragado,

ellas avizoraron el legado dejado por el hombre,

ahora solo silban olvido, desdeñan suciedad,

las aguas filtran su esencia de roca, su alma,

sus calles están muertas, túneles serpenteantes

que penetran la dermis del mundo, sus

habitantes la han abandonado a su suerte,

ansiando una luna que desconocen, pues

conocían cada vena de su reino, cada bache,

cada insurrecta presencia penetrante, 

donde están estas ciudades abandonadas por

el tiempo, dejadas a su suerte en el corazón

de esta desdichada tierra, esperando por

regalar sus tesoros al milenario explorador

valiente buscador de secretos enterrados,

la luz no visita estos parajes, la luz no visita

los sitios muertos, la oscuridad domina las tumbas,

y estas tumbas ya son parte de lo eterno, eones

en ausencia de sonido alguno, donde estas ciudad

subterránea, durmiendo entre muerte y soledad, sueñas.

Miguel Angel Carrera Farias.  Venezuela.