Sueños en el Estío

1502897128170849En algunas vacaciones olvidadas en tardes azules,

la casa de mis abuelos solía ser el nuevo mundo,

la nueva ciudad, esta casa añeja habría sus brazos

de par en par a nuestra llegada, la felicidad en lo

acogedoramente extraño, sus pasillos resonaban

las pétreas costumbres ancestrales, pero  mis abuelos

eran amor aunque su carácter fuera ancestral,

éramos hijos ancestrales, amaba todo aquello

que tenía un maravilloso olor como mi madre de azafrán,

el hollín en las paredes de la cocina o el patio plantado

de cambures bañados siempre por el sol, los cimientos

cual raíces de familia, los afilados cactus de la entrada

siempre adornando peligrosamente, allí los días pasaban

y a veces los crepúsculos de mi ciudad iban a visitarme,

me asediaban aunque yo hubiera llegado lejos, hermoso

recordar un sueño, como los hechos realidad cuando

la despreocupación reinaba en la niñez, quedaba la casa

de mis abuelos en los confines más apartados del país,

en la profundidad más remota de nuestra geografía porque

el dolor y las preocupaciones no llegaban a alcanzarnos allá,

no lograban recorrer tal distancia, ame el nuevo mundo que era,

ahora un sueño en el tórrido estío.

Miguel Angel Carrera Farias.  Venezuela.

Tránsito

1502809921425257Sigo en el baile, esta travesía comenzó en la cuna,

bajo el sol de la infancia, desprovisto, tenue,

inocente, en baja conciencia, esto es un viaje bailando

mientras el mundo me pide llantos, risas, sacrificios,

comenzó en la inocencia, ¿Dónde terminara? Gracias Dios

por los problemas, por lo insulso, por lo oscuro, por

el dolor, por los malos sabores, Gracias Dios por morar,

por amar, por la simiente, por lo hermoso, lo banal y lo real,

las certezas son necesarias, los viajes llenos de días y de noches

punzados por los tridentes de los demonios ficticios, al final

del viaje, el cementerio, dormido arropado por la hierba

en los campos olvidados donde el viento solo arrulla llantos,

mutar al polvo, ser regado por Dios y sus temporales nubes grises

cargadas en la tardes melancólicas, llamémosle magnanimidad

en medio de las ironías, la vida termina donde otra comienza,

de la cuna al cementerio transitando o bailando esto finaliza

donde en realidad todo comienza.

Miguel Angel Carrera Farias.  Venezuela.

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Combates

1502554516447609He ahí lo eterno blandiendo aquello que le es verdadero,

en esa guerra tan inherente al mundo como el hombre mismo,

siendo aplastado mordazmente por las temporalidades con

sus terribles ironías equivocadas, ahí estas, entregando

tu vida a la madera que se pudrirá, al metal que se oxidara,

a la tecnología que luego sera caduca, como niños

encaprichados desdeñando la luz, caminamos el infierno,

mientras el paraíso se mantiene paralelo coexistiendo a

un tiro de piedra nuestro, duerme hipnotizado por el brillo

del oro, ese oro que no sirve para nada salvo llenar el ego

de escuetas pretensiones, temporalidad reinas con lo innecesario,

corrompes intenciones, mañana yacerás en la basura,

olvidada, y luego seras fénix de aparador nuevamente,

vestida de colorida novedad vacía, empaquetada en capricho

en festivales del engaño, convertida en el mal deseado,

la eternidad es paciente, tiene la vida para esperar ser

descubierta en el corazón del desdichado.

Miguel Angel Carrera Farias.  Venezuela.

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Anhelos II

150229227754349Serias capaz de entender mis búsquedas?

Soportarías el calor que irradia la llama

que mi corazón emana? aquella que sofoca

mis soledades y mis deseos mas profundos,

donde chocan mis interrogantes sondeando

aquello que me atormenta día a día, en

que pedazo del mundo estas escondida?

Soportarías las mareas que se esconden

desbordadas en mi pecho? te busco, te 

necesito, pensando que necesitaras de mi,

fresca agua de manantial duermes en

algún sitio tranquilo de este planeta, en algún

remanso de paz desconocido, un pedazo del

mundo echo de azúcar, un continente afortunado

de tenerte retozando dentro de el, algo conspira para

te hundas cada vez mas en la inmensidad

de esta bastedad torturadora, aunque anhelante

ansíes nuestro encuentro tanto como yo.

Miguel Angel Carrera Farias.  Venezuela.

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